Alberto Gandsas Crónicas de Viajes
Aventurándonos en la 40
Febrero 2001
Parte III : de la Estancia La Oriental a la Estancia La Angostura ( Pcia. de Santa Cruz )
…..Al despertamos a la mañana siguiente, un sol radiante penetraba a través de la ventana de nuestra habitación en la estancia. No nos habíamos percatado lo agotado que estábamos (tal vez por el entusiasmo del viaje), que esa noche dormimos profundamente.
Desayunamos con los dueños de casa y nos preparamos para seguir camino.
Don Manuel nos llenó el tanque con gas-oil y ya pronto a partir un sordo golpe en la parte delantera de la camioneta me sorprendió. Se habían desprendido los dos faros delanteros rompe-niebla . Con Don Manuel deducimos que las fuertes vibraciones sobre el camino de ripio habrían aflojado las tuercas que sujetaban a los faros y por milagro éstos se mantuvieron firmes. Al momento que tuve que hacer una serie de maniobras para poner la 4x4 sobre el camino, ahí se desprendieron y cayeron.

Si bien el inconveniente no era para nada grave, pero nos llevó casi dos horas adaptar tornillos y tuercas de tal forma que los rompe-niebla quedaran firmes. Es de suma importancia llevar luces y faros en perfectas condiciones. Cuando de pronto se va levantando viento, uno se puede ver envuelto en una nube de tierra en las que las luces blancas no son suficientes y conviene encender las amarillas del rompe-niebla y hasta las intermitentes, para hacerse ver ante cualquier vehiculo que aparezca de frente o desde atrás.

Salimos cerca del mediodía de la Estancia La Oriental. De todas formas estábamos bien con el horario a pesar que teníamos casi 90 km. por el angosto camino hasta llegar al cruce con la ruta 40 y luego recorrer otros tantos 90Km por la misma hasta llegar a nuestro próximo destino: Estancia La Angostura.

Nos faltarían aproximadamente 20 km. para llegar al cruce con la Ruta 40, cuando por esquivar un profundo pozo en el camino la camioneta se me fue de costado y nos quedamos hundidos en la huella. La 4x4 es alta de alzada, así todo tocaba y rozaba contra el suelo de tierra. Cada vez que intentaba sacarla de esa posición, rozaba más toda la parte de de abajo de la camioneta. Le di marcha atrás y adelante como para sacudirla, pero se escuchaban unos ruidos de arrastre que no me gustaban para nada. Lucy estaba muda y asustada. No abría palabra. Miré a uno y otro lado y no veía a nadie (excepto algún que otro guanaco que nos miraba a la distancia) que me pueda dar una mano para salir del atolladero. Eran ya como las 4 de la tarde.
Si bien era verano y hay luz de día mas tiempo , tuve temor que se me venga la noche encima. Aun nos quedaban unos buenos largos kilómetros para llegar a La Angostura.

Había que agudizar el ingenio lo antes posible. La solución que se me ocurrió fue la de levantar la 4x4 con “ el gato”. Por suerte había llevado uno con ruedas …y manos a la obra.
La idea era levantar el vehiculo desde atrás, al medio y “tirarlo” fuera de la huella, para que quede sobre el lomo de la misma. No quedaba otra salida al problema. Lucy se bajó de la camioneta y me ayudó a calzar el gato. Había que verla echada al suelo sujetando, agarrando, tratando de ayudar. Se había calzado uno de los pares de guantes de loneta que siempre están entre los “ accesorios de a bordo”.
Con cada giro que daba a la varilla que hacia subir la camioneta, temía que en cualquier momento se venía todo abajo. Solos, inmersos en un vasto escenario con un horizonte de soledad que se proyectaba hacia los cuatro puntos cardinales, pensaba que si la maniobra para calzar la camioneta sobre el camino no daba resultado estaba decidido a usar el VHF para pedir auxilio.

Al fin la subí lo suficiente como para hacer la maniobra que tenia pensada. Con la varilla trabada, empujé el “gato” hacia un costado y con él se movió la camioneta. El ruido que se escuchó a continuación aun hoy perdura en mis oídos. Estrepitosamente “el gato” se cayó y la camioneta quedó sobre “el lomo” del camino. Un grito espontáneo de BINGO !! salió de nuestras gargantas.

Salimos de allí muy despacio. Lucy , termo de por medio, me quiso servir un café pero por el vaivén del camino , yo diría más por lo nervios, se le desparramó todo. Al fin, entramos en la 40.

El paisaje a nuestro alrededor se mantenía agreste e inhóspito. Si bien la ruta seguía siendo de ripio, la misma tenía un trazado ancho, ligeramente sinuoso. Al cruzamos con un coche intercambiamos saludos. Llegamos a La Angostura casi anocheciendo.
A un costado de la estancia otra camioneta había llegado antes que nosotros y según nos enteramos después, venían desde el norte. Seguramente habían cruzado la Ruta 40 cuando nosotros estábamos en plena maniobra de “destrabe” y nos podrían haber ayudado pero como iban a saberlo......nos separaron sólo 20 km..!! de distancia para llegar nosotros al cruce.

Después un ducha caliente fuimos al comedor de la estancia.
Ya nos estaban esperando para cenar el matrimonio que vino en la otra camioneta, el dueño de casa Don Tonchi y dos peones de estancia.
El comedor de la estancia tenía un ambiente muy cálido, con mucho olor a madera de años, lleno de recuerdos y fotos de familia.

Tonchi nos recibió con toda la cordialidad tan característica de la gente de la patagonia. Uno de los peones, también gran cocinero, tenía a punto un cordero al horno con papas y ensalada. Terminada la cena se animó la charla de sobremesa. Ahí nomás uno de los muchachos tomó una guitarra y se animó con un par de compases a un entrevero de payadas con Tonchi.

Rápidos, ágiles, pícaras, cada payada recitada por uno o el otro, era celebrada por todos nosotros con aplausos y vivas. Inolvidable por lo espontáneo y auténtico.
Y se vino la noche cerrada…..unos minutos más y se habría de apagar el grupo electrógeno.

Un relato de historia de familia sobre un trágico episodio contado por parte del dueño de casa nos mantuvo atentos y expectantes. Sus padres, la estancia, el trabajo, la familia, las penas y las alegrías.

Es una historia de temple patagónico, muy fuerte. La madre del dueño de la estancia, Doña Hebe Piñero le dedicó a esa historia este poema :

“ Laguna Tonchi ”

Lagunas en el desierto
pequeños oasis
en Santa Cruz centro
el volar de los flamencos
pone un marco rosado
en el azul inigualable
de tu cielo,
en la laguna,
cisnes blancos y gallaretas negras
junto al maca tobiano
que ha vuelto para formar
el paisaje de esta tierra.

Cuando retorno al lugar
los recuerdos en tropel, me esperan.....
entonces me doy cuenta,
cuanto quiero a mi tierra.


Al tomar contacto con una de las historias del lugar, y sabiendo que muy cerca de la estancia está la laguna Tonchi a la que hace referencia el poema, aumentó aun mas nuestro interés por visitar ese sitio. Doña Hebe Piñero volcaba a través de sus palabras y desde su corazón, un profundo amor por su tierra. Nos propusimos visitar a la mañana siguiente como el primer punto de nuestro recorrido por la zona, la Laguna Tonchi.
Nuestros rostros ya evidenciaban un cansancio de una jornada intensa.
El viento…? Seguía soplando y fuerte, ahí afuera.

Me desperté como a las 6…Lucy dormía placidamente. Me levanté y en silencio me vestí rápidamente, mejor dicho “me emponché” rápidamente. Se notaba que hacía mucho frío afuera (a pesar de ser verano). Me puse encima todo lo que tenía a mano.
Salí afuera. No quería perder la oportunidad de fotografiar el amanecer. Pero el tiempo me jugó en contra. Estaba muy nublado. Me quedé a resguardado del viento tras unos árboles esperando el milagro que se despeje el cielo. No se despejó y no pude hacer una sola toma fotográfica. No se daban los planos por la falta de una luz ideal. Pero tuve una recompensa inigualable ….: Al frente de la estancia, a lo lejos, corre un arroyo que inunda gran parte del terreno formando pequeñas lagunas. Jamás ví semejante cantidad y variedad de patos. Y no sólo fue verlos .

Seguido de un profundo silencio…se comenzaba a escuchar desde allá lejos el graznido suave de los patos de una de las lagunitas. Ese graznido, al igual que un canto iba “ in crescendo ” . De otra lagunita y al mismo tiempo, otro grupo de patos y a todo pulmón gritaban a sus anchas.. y a éste se sumó un tercer grupo de mas allá y en un segundo el concierto de graznidos era a toda orquesta y volumen. Impecable, dirigidos vaya uno a saber por cual mano mágica . Cada grupo “ cantaba a capella” su melodía. Cuando ya el canto alcanzaba su punto máximo de fuerza…se interrumpía de pronto. Otra vez el silencio absoluto por solo unos minutos. Al rato, el ciclo de graznidos comenzaba nuevamente y una y otra vez repetía todo el concierto. Cuando volví a la estancia eran ya como pasadas las 7 . Uno de los muchachos ya estaba haciendo café y una taza caliente me vino muy bien.

Luego del desayuno y a pesar que una suave llovizna presagiaba una lluvia posterior, nos dirigimos a la Laguna Tonchi, en la cual todavía se puede ver algún pato de una especie casi en extinción: el maca tobiano. El día se había tornado muy gris y plomizo. Llegar a la Laguna Tonchi significaba recorrer los 4 km hasta la ruta 40 desde la estancia, cruzar la ruta y continuar del otro lado de la misma unos 8 km.

Comenzaba a llover más fuerte, así todo nos interesaba ver el lugar que había inspirado a Doña Hebe Piñero a escribir su poema. Al llegar a la laguna ya llovía copiosamente y no pudimos bajar de la 4x4 . Un barro pesado y resbaladizo nos esperaba para regresar a la estancia.
Puse la tracción baja en la 4x4 y la camioneta “se pegó” al camino. Lenta, robustamente, regresamos ya pasado el medio día a la estancia. Lamentablemente el mal tiempo nos impidió recorrer la zona. Teníamos calculado salir al día siguiente hacia El Chalten. Llovió durante toda la tarde, toda la noche y cada vez más fuerte. No era de mi agrado salir a la Ruta 40 con ese tiempo de viento y lluvia.
Al apagarse el generador de corriente eléctrica, sólo una lámpara a kerosene iluminaba con temor nuestra habitación.....
Tenia resuelto que de seguir lloviendo no me habría de aventurar a la 40 con este tiempo. Salir directamente a la 40 con esta fuerte lluvia, habría de ser una falta de respeto al camino . La Ruta 40 no es imposible de viajarla, pero impone respetarla y obedecer sus características.
Continúa en la Parte IV : de la Estancia La Angostura a El Chalten y El Calafate
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